Las tres heridas del poeta

En 1942 Miguel Hernández murió en prisión, que no preso, por un delito de amor. Amor a la gente, amor a los sueños, amor a raudales… Esa coherencia le costó la vida y por coherencia pudo vivir, sonriendo en su jaula inútil que apenas le retenía físicamente…

 

No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión,
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor.

 

Fueron y son malos tiempos para el amor valiente. Nosotros lo defenderemos este viernes, 17 de Noviembre de 2017, a las ocho de la tarde en el Centro Social de Granda, Xixón.

 

cartel-Las-tres-heridas

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